Un 3 de septiembre de 1976 la nave Viking 2 aterrizaba en Marte.
Imagina la escena: científicos con bata blanca celebrando como si hubieran metido un gol en el minuto 90. Y yo hoy… bueno, yo hoy voy a hablaros de Tinder. Que sinceramente, es lo más parecido a explorar un planeta inhóspito. Criaturas extrañas, paisajes desérticos y la constante sensación de que te estás jugando la vida con cada paso.
Lo llamaré “Historias Terroríficas Tinder 😈”. (Sí, ya sé que suena a sección de Cuarto Milenio, pero creedme, Iker Jiménez se quedaría a cuadros con lo que pasa en esta app).
Pero antes, dejadme hacer un inciso. ¿Qué opináis de septiembre? Yo?lo confieso: ME ENCANTA.
Tiene ese aire de nuevo comienzo, de estreno de temporada. A mí septiembre me huele a a material escolar y ropa “ZARA” mi madre me vestía como la protagonista de clueless, consumismo puro y duro…
Septiembre es, básicamente, la vuelta al cole de los adultos. Solo que ahora, en vez de amigos de clase, te reencuentras con emails acumulados. En vez de estrenar mochila, estrenas agenda que usarás tres días. Y en vez de llorar con los deberes… lloras con el Excel. Y aunque todo lo que acabo de decir es catastrófico, y un por que no se calla señora? Pero aún así, la balanza a mi forma de ver cae, en un hurra para Setiembre, nuevas oportunidades de encarrilar te en los propósitos que te prometistes a principio de año.
Y aquí es donde viene mi reflexión del día. Porque si septiembre es la vuelta al cole, Tinder es como apuntarse a una escuela mágica oscura. Una especie de Hogwarts paralelo, pero sin profesores sabios, sin varitas mágicas y con mucho ghosting. O, si preferís versión Tolkien, más bien una excursión a Mordor: swypear a la derecha es como ponerte el anillo de Sauron, parece brillante al principio pero luego te acaba arrastrando al abismo.
Lo digo porque Tinder, lo siento mucho, pero para mí es una secta moderna. Ritual de iniciación: subir tres fotos en las que intentas parecer natural pero en realidad llevas media hora practicando el ángulo en el espejo. Credo principal: “a ver si este match no me deja en visto”. Y los fieles, miles y miles de grillos cantando al unísono en esa jaula virtual.
No sé, quizá algún día os cuente cómo empecé yo en este culto al swipe. Por ahora solo quiero dejar este thought:
En fin, dejemos aquí el prólogo. Como diría mi amiga: Pasemos al salseo. Próximamente, en esta sección: mi primera historia terrorífica Tinder, versión Hogwarts / Mordor Edition.
Yo no sé qué está pasando con la sociedad, pero la paciencia se ha ido de vacaciones indefinidas?. Todo es scroll, scroll, scroll, como si fuéramos dementores hambrientos de estímulos que chupan la energía vital de cada conversación. Tinder, como os decía antes, es una jaula de grillos pero en versión digital, un murmullo constante que haría millonario a cualquier psicólogo que decidiera abrir consulta solo para usuarios de esta app.

Para los que no sepan cómo funciona, hay una parte en la que pones lo que buscas: conocer gente, sexo, relación seria, lo que sea. Y desde mi humilde pero experimentadísima opinión: todas las opciones son válidas. A veces quieres charlar, otras un revolcón, otras sentar cabeza. Todo bien. Somos un termómetro emocional, y lo normal es que el mercurio o flechita se mueva entre dos posibilidades según el día, la fase lunar o el número de copas de vino que lleves encima. No todo es blanco o negro, hay una gama de grises por descubrir. Hasta aquí, todo correcto.
Lo que me pasó el otro día, sin embargo, parecía más bien un capítulo censurado de Black Mirror. Dos conversaciones distintas, mismo guión: dos conversaciones que estaba teniendo en ese momento, me ofrecimiento sexo (, así, sin preliminares, sin misterio. Yo lo vi y pensé: esto es venta fría, señores. Como esos comerciales que antes picaban a tu puerta para intentar venderte la Enciclopedia Británica cuando tú sólo querías ver Verano Azul. Lo bueno es que no este tipo de personas, no son las de insistir y no es por que tengan el ego alto, no nada de eso, es por que estamos en una sociedad que poco aguantas y si no eres tu, le comeremos la cabeza al de al lado, si antes no ofrecerte un berrinche de niño pequeño, porque evidentemente cuando estas en esta situación y quieres despedir de forma educada y elegante. Pegàn su última pataleta. Entonces, es cuando debo respirar y meter mi parte psicótica para adentro para que no salgan los demonios
Y ojo, no tengo nada contra el sexo. Al contrario: bienvenido sea el frenesí, la locura de una noche, el disfrute espontáneo. Todos hemos estado ahí y sabemos lo divertido que puede ser. Pero si no esta en mi estado, por que molestas mi salud mental? por que tanto egoísmo? No se toda esta historia es que, me parece un poco como prostitución sin glamour, sin billetes, sin siquiera el mínimo de emoción, la ley del minimo esfuerzo, entro en una app, hago match y zas, creo que la persona que busca los servicios de sexo, se “lo trabaja más” ( como veís esta entre comillas) que no uno que se descarga Tinder. Polvo Express del Lidl
Y claro, a mí eso me sobrepasa. Entiendo lo de vivir el momento, entiendo el lado salvaje y nocturno, normalizar, facilitar, dónde está nuestro valor? Aprender a poner limites, a ser empáticos y menos egoístas. No sé. Me resulta demasiado frío. ¿Qué opináis vosotros? Estamos convirtiendo las relaciones en un bazar de ofertas low cost?

